Transfer de Chocolate

Hace tiempo les conté que un domingo de estos aburridos me volví loca comprando hojas de transfer a diestro y siniestro, si me pedís que diga dónde no tengo ni idea, algunas llegaron de Inglaterra, otras de Holanda... Algunas las usé para las galletas de Pascua y guardé las demás para hacer bombones. En España podéis conseguirlas en la web de María Lunarillos, que tiene un montón de láminas monísimas.

El problema es que hasta hace pocos días no conseguí los moldes de bombones que quería, porque para usar el transfer, la superficie tiene que ser lisa. Todos los moldes de bombones que hay por ahí son curvados y con formas de todo tipo menos rectas. Este molde es de "Pórtico", una tienda que está en casi todos los centros comerciales de Madrid.


Las hojas de transfer son unas láminas de acetato que ya vienen estampadas y los dibujos son comestibles claro. El ingrediente principal es manteca de cacao, así que mientras las vamos manipulando huelen a chocolate. Para transferirse necesitan calor, por eso el chocolate tiene que estar caliente. Para hacer bombones lo que se hace es que se atempera el chocolate, esto es llevarlo de los 40º iniciales a los 28º, una temperatura ideal para empezar a trabajar. El hecho de pasar de 40º a 28º de una manera natural (generalmente con la ayuda de una encimera de marmol y una espátula, es decir, sin nevera) hace que el chocolate se quede super brillante.

Yo como no tengo encimera de marmol calenté el chocolate blanco a baño maría y luego lo dejé enfriar. Nada más.

Quedaron brillantes igual. Por supuesto esto es mejor hacerlo en época invernal, es increíble lo rápido que se derrite el chocolate fuera de la nevera cuando hace calor.

Bueno, pues para hacer bombones con transfer primero tenemos que derretir el chocolate a baño maría. Yo lo hice en Thermomix: Hay que poner el chocolate blanco en una bolsa de congelación, cerrarla bien y colocarla en el cestillo. Llenar el vaso con 500 gramos de agua y llevar a 80º, 20 minutos, velocidad 2.

Si no tenéis thermomix lo ponéis en el Microondas en períodos de 20 segundos, para que no se os queme. O lo derretís a baño maría en la vitro.

Dejad reposar hasta que logre una temperatura de 28º (¿Que no tenéis termómetro para repostería? pues más o menos son 20 minutos removiendo un poco).

Una vez que el chocolate está a una temperatura ideal ya podemos hacer nuestros bombones.

Para usar la transfer lo que debemos hacer es cortar la lámina con la forma del molde y colocarla en el fondo pero ojo ¡¡¡con la pasta de chocolate hacia arriba que es la que se tiene que pegar en nuestro bombón!!! Echamos el chocolate derretido, retiramos con una espátula los restos para que quede lisito por arriba (la parte de arriba será la base del bombón) y llevamos a la nevera una hora. Se solidifica enseguida.


En principio el chocolate se vuelve más opaco con nevera, sería ideal dejarlo a temperatura ambiente pero es imposible. Lo que no debéis hacer jamás es ponerlo en el congelador porque se vuelve totalmente mate.

Una vez que desmoldéis los bombones, tenéis que retirar la lámina de acetato de la superficie del bombón y ¡ya está! ¡Ponéis esto con los cafés en una cena y triunfo absoluto!



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Customizando Cupcakes

Para mis cupcakes yo siempre uso cápsulas blancas. Sí, parece mentira con la cantidad de cápsulas bonitas que hay por ahí, pero lo hago por dos razones.

1) La indecisión: Cuando te pones a hacer unos cupcakes lo normal es pensar, diseñar y ejecutar. Yo sin embargo no hago eso, yo pienso, diseño, cambio todo lo diseñado e improviso. Porque en la cabeza nada es como en la realidad. Así que cuando pienso en hacer un precioso cupcake rosa con una flor amarilla termino haciendo uno verde con una flor morada. Si la cápsula es blanca, la crema y los adornos pueden ser de cualquier color.

2) Soy una tiquismiquis:  Algunas cápsulas monísimas con estampados de colores salen del horno transparentes. Para evitar esto hay que comprar cápsulas más duras y más tintadas. Una de estas cápsulas "perfectas" es de la marca "House of Marie". La cosa es que cuando como cupcakes horneados con estas cápsulas, el bizcocho me sabe fatal. Y no es el sabor en sí, es el olor de la tinta. Con las blancas no pasa ¡Las blancas son perfectas en todo!

Claro que si sólo usamos cápsulas blancas, nuestro abanico creativo queda limitado. Sin embargo podemos customizarlo para quitarle la sosez y convertirlo en un cupcake encantador.

Estos cupcakes de Boda están vestidos de puntilla así que un cupcake normal de pronto se vuelve refinado y divertido.



Me encanta la combinación de azul y rosa. Estos son unos bocetos para una novia muy romántica (sí, yo en vez de dibujar hago los bocetos cocinando, para qué voy a andarme con chiquitas). Sé que a algunas novias no les va nada el rosa, pero ahora mismo los colores pastel están de moda y es el momento de desmelenarse.

María Antonieta se habría comido estos encantada ¿Qué no?




Son de chocolate blanco con crema de rosas y el color de los anteriores lo conseguí con el maravilloso turquesa de Americolor, un color que va pasando del verde al azul según pongas más o menos gotas.




Gracias a Dios no soy la novia porque no sabría con qué diseño quedarme. ¿A vosotras cuál os gusta más?

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Felices Pascuas

Si hay algo que me encanta de la cultura anglosajona son sus fiestas.  Y me encanta también que las importemos. Aquí en España Semana Santa era época de torrijas (Benditas sean) pero desde hace unos pocos años ya es tiempo de huevos de colores y de conejos de chocolate. El huevo de pascua es el símbolo de la Semana Santa (y de la primavera en el hemisferio norte) porque representa la resurrección de Cristo (el huevo es el símbolo de la vida).


Recuerdo que durante mi niñez, que no fue aquí en España, todos los domingos de Pascua llegaban tus tíos, tus abuelos, tus primos con un huevo de chocolate para ti. Por supuesto había hasta competencia, a ver quién traía el más grande, los que ganábamos siempre eramos los niños. Los huevos de pascua estaban llenos de filigranas y figuritas de colores en glasé real y dentro tenían un juguete. 
 
Esta Semana Santa quise hacer algo que tuviera chocolate. Uno de estos domingos aburridos (sí, esos días en que las tiendas online te llaman a gritos) estaba navegando y de pronto me encontré con los transfers de chocolate. No sé ni cómo ni dónde pero en media hora ya tenía dos carritos de la compra llenos de hojas de transfer a punto de viajar hacia Madrid. Me las compré de todos los colores. Es una técnica que puede quedar bastante hortera si se usa sin más. Pero en su justa medida yo creo que le da un toque muy chulo.


Los transfers de chocolate son unas hojas de acetato con dibujos que con el calor se traspasan al líquido con el que hacen contacto. Son esas florecitas encima del conejo.

Así que ya tenía mi hoja de transfer, mi chocolate blanco preparado, sólo me quedaba un buen cortador de conejo para hacer la galleta que tenía en mente. 


Para conseguir ese cortador de conejo tuve que hacer la gincana de todos los días en Madrid, primero Comercial Minguez, luego Decake, más tarde Keyks... que si tienes algo en la cabeza y piensas que vas a encontrarlo todo en la misma tienda es que eres muy ilusa!!!  Todo está repartido por la ciudad. Pues después de un día intenso de compras llegué a casa con 5 cortadores de conejos, cuatro de ellos prácticamente iguales.

Y el resultado fue éste: Galletas de mantequilla con figura de chocolate blanco.



 Hace tiempo que quería hacer algo en turquesa mezclado con rosa ¡es una combinación que me encanta!

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Resultado del Sorteo

Enhorabuenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!

Elena Prades es la flamante ganadora del regalo especial aniversario!!!


¡Muchas gracias a todos por participar!

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Odio la Red Velvet

No, no hay ironía por ningún lado. Esto es así. Yo venía aquí a decir que a mí la Red Velvet no me gusta. Pero antes de gritarlo orgullosa decidí darme una última oportunidad. Hacer una última Red Velvet y entonces elegir. Para estas cosas nunca debería haber término medio. Amor u odio.


Para los que no lo sepan, la Red Velvet es una tarta americana que es totalmente roja. El color rojo se consigue con colorante, pero naturalmente también es posible llegar a él por la reacción química que se produce entre el bicarbonato, el vinagre y el cacao.

La cosa es que a mí siempre me había parecido una tarta que ni fu ni fa porque yo necesito sentirle los sabores a las cosas. Si tenemos un bizcocho de limón quiero que sepa a limón, si el bizcocho es de vainilla quiero que sepa sólo a vainilla, y ni hablemos del de chocolate que para mí tiene que ser negro negrísimo y saber a chocolate hasta dejarte agotada. Pero la Red Velvet es una tarta que no sabe a nada en concreto. Lleva cacao pero muy poco, así que no es de chocolate. Lleva vainilla, pero el cacao la anula, como si no llevara. 


Pues bien, esta tarde aprovechando que venía mi amigo Rafa a merendar preparé, escéptica, la que iba a ser mi última Red Velvet. Al sacarla del horno ya me mosquée por su olor ¡¡¡Es que no huele a nada!!! Sin embargo, cuando juntas este bizcocho insalubre con la crema de queso se produce el milagro. De pronto el Frosting de queso Philadelphia hace todo el trabajo y el bizcocho simplemente luce bonito. Pero tan bonito que lo justifica todo.


Os dejo la receta para que probéis y luego me digáis qué os parece. Yo hice la receta para un molde de 15 cm. Lo llené hasta 3/4 de su capacidad y luego la corté en medio cuando enfrió para rellenarla. Me sobró bastante masa y pude hacer unos 6 cupcakes.  La receta de la crema de queso la tenéis en esta entrada.

Red Velvet:

Precalentamos el horno a 170º

260 gramos de harina (si usamos el preparado de Mercadona "Aragonesa" para Bizcochos no añadimos levadura ni bicarbonato)
125 gramos de mantequilla
280 gramos de azúcar
2 huevos L
2 cucharadas y media de cacao en polvo Valor
1 cucharadita de bicarbonato
1 cucharadita de levadura para repostería
1/4 de cucharadita de sal
240 ml de suero de leche (leche + vinagre)
1 cucharada de colorante rojo
1 tapón de esencia de vainilla


Primero vamos a hacer el suero de leche, cogemos 225 ml de leche y lo mezclamos con una cucharada de vinagre, dejamos reposar 15 minutos. Se cortará.

Mezclamos harina con levadura, bicarbonato y sal, reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar con una batidora de varillas durante unos 3 minutos, añadimos los huevos uno a uno. Echamos el colorante y la esencia de vainilla, seguimos batiendo. Una vez esté todo integrado, vamos a intercalar el suero de leche con la harina en 3 veces. Empezamos con la harina, suero de leche, harina, suero de leche y terminamos con harina.

Enmantecamos y enharinamos un molde de unos 20 cm (el mío era de 15 y sobró). Lo llenamos sin superar nunca los 3/4 de su capacidad. Horneamos a 170º durante aproximadamente 45 minutos. No abrimos el horno nunca antes de este tiempo. Estará lista cuando al pincharla, el cuchillo salga limpio.


Hay bizcochos mucho más ricos que éste, pero pocos que peguen tan bien con la crema de queso. Y en la combinación está la clave. Yo aún no sé si la odio o la amo, lo que tengo muy claro es que ésta no ha sido la última.


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Taller de Cupcakes de Primavera

El próximo sábado 31 de marzo daremos en Madrid un taller de Cupcakes con flores. Haremos, como no, alguna rosa y sobre todo utilizaremos un montón de cortadores maravillosos que hacen todo el trabajo sucio pero que también necesitan de algún truco para que las flores queden lo más reales posibles. 




Claro que la que quiera saltarse el protocolo, pasar de los pétalos y ponerse a echar confeti y purpurina por doquier también podrá hacerlo, faltaría más. Que los talleres están para eso, para hacer lo que la creatividad de cada una disponga. 


En este taller haremos unos cupcakes de Fresas que son realmente ricos. Será en La cocinita de Chamberí el 31 de marzo de 11 a 2. Para apuntaros me podéis enviar un email a mirabelliparty@gmail.com. 

Como siempre, no es necesario ninguna experiencia ni conocimiento repostero. 

En otro orden de cosas, hoy estuve haciendo Crema de Philadelphia para dejarles la receta en el blog. Sé que a mucha gente no le gusta la mantequilla y aunque esta crema la tiene, no es el ingrediente principal y casi ni se nota.


El problema de la crema de Philadelphia (Cream cheese frosting) es que no queda tan compacta como la Buttercream de toda la vida. Hay que dejarla un poquito en la nevera para que coja forma, pero ya sabemos todos que está buenísima y es de lo que se trata.


Es una crema estupenda para hacer un bizcocho de zanahoria, o una Red velvet, pero a la hora de decorar un cupcake no nos va a quedar igual que la de mantequilla. Ojo, si le ponemos el doble de azúcar glass seguramente sí quede más dura. Pero a ver quién se atreve a estropear su sabor. Esta receta tal como está les dará una crema riquísima ¿que no tiene la textura necesaria? Pues olvidaros de decorar y comérosla a cucharadas.



Crema de queso:

(Ingredientes para 12 cupcakes)

60 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
200 gramos de queso Philadelphia
260 gramos de azúcar Glass
un tapón de vainilla líquida


Se bate con una batidora de varillas la mantequilla y cuando forme una crema añadimos el queso. Seguimos batiendo a velocidad baja hasta que quede una crema homogénea entonces comenzamos a añadir el azúcar. Una vez que está todo integrado echamos la vainilla y batimos 2 minutos más. Si es para decorar una tarta con espátula se puede usar inmediatamente. Si lo que queremos es decorar con manga y boquilla tendremos que dejarla enfriar por lo menos dos horas. Si queréis que esto tenga una textura más dura ya sabéis: otros 250 gramos de azúcar glass. 

(Las fotos de los cupcakes de flores son de Buttercream, no de Crema de queso)



La crema de queso es un acompañamiento riquísimo para cualquier tarta y no es nada empalagosa, también se le puede añadir piel de naranja o de limón (además de la vainilla). Si la hacéis contadme vuestra experiencia.

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¡Primer sorteo en el Blog!

En estos días va a hacer un año que creé la página de Facebook así que toca celebrarlo. Yo soy de las que piensan que un regalo bueno es mejor que 10 malos ¡pero el mundo de la repostería es la excepción! Porque para las reposteras mil pijadas molan más que una grande. Cuantas más cosas y más pequeñas, muchísimo mejor. Así que voy a sortear el regalo que me gustaría recibir a mí: Un montón de cositas bellas, algunas como no, totalmente inútiles, y todas ellas compradas y empaquetadas con mucho amor.




El regalo está compuesto por:

Una lata estupenda para guardar esos sobres de levadura que siempre se quedan a la mitad.
Una boquilla Wilton 1M.
Una boquilla Wilton 233 para hacer césped.
Sprinkles plateados.
Servilletas de papel monísimas.
Herramientas para modelar Fondant.
Cortador para hacer lazos en Fondant.
50 Cápsulas para cupcakes de cuadros rosas y 50 azules marca Culpitt.






Para participar sólo hay que seguir estas instrucciones:

1. Ser fan de la página de Facebook de María Mirabelli Party Design. Si todavía no lo eres, dale al Me gusta en este enlace.
2. Dejar un comentario en esta entrada del Blog contándome cuál es vuestro sabor de cupcake favorito y con el E-mail correspondiente para que me pueda poner en contacto con vosotros.
3. Este sorteo es sólo para residentes en España.
4. El ganador recibirá el paquete en su domicilio (ya me daréis los datos postales una vez realizado el sorteo).

El sorteo empieza hoy y estará activo hasta el 31 de marzo. ¡Estad atentos a los resultados!

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